Día 20: Una canción que escuches cuando estás enojado
Sing along with the common people,
Sing along and it might just get you through,
Laugh along with the common people,
Laugh along even though they're laughing at you,
And the stupid things that you do.
Sing along and it might just get you through,
Laugh along with the common people,
Laugh along even though they're laughing at you,
And the stupid things that you do.
Pulp, Common People
Tirana mía,
¿Te acuerdas la corta historia de amor número diez de la película de Rodrigo García? Esa mujer, que por lo visto es tan sabia como es mala para peinarse, dice que el amor real, para la gente real se trata de conformarse. Creo que esa es la raíz de nuestro problema: Nunca tenemos suficiente.
Tenemos primeras citas para levantarnos el autoestima y desde el minuto dos sabemos que el asunto no irá a parar a ningún lado; nadie es perfecto y nosotros somos expertos en enlistar fallas. Aunque eso no evita que agendemos una segunda o tercera cita, nomás para salir de las dudas o por no decir que no o por miedo a quedarnos solos o porque esperamos que en algún momento nos dé un aneurisma y terminemos creyendo en el amor y la estabilidad. Sobra decir que el ataque a nuestras neuronas nunca sucede y lo único que hacemos con el tiempo extra es reafirmar nuestro desagrado por la gente común.
Entonces huimos, irremediablemente. Pero antes de la fuga echamos a la maleta los fetiches, las desgracias familiares, las inseguridades, los problemas financieros, las canciones dedicadas de Shakira y todas esas cosas que nuestras víctimas jamás debieron compartirnos. Y nos dedicamos a coleccionar historias chuscas de gente que encontramos patética y conformista. Gente que es feliz con su empleo de mierda porque paga la renta, con su guardarropa de C&A porque es a meses sin intereses, con sus colchones aguados porque de menos tienen uno, con su cuerpo flácido por la estúpida razón de que está sano y entero. Gente que es feliz con la vida que tiene porque... no conciben el mundo sin estar contentos con sus límites.
¿No te obsesiona descubrir cómo puede alguien vivir así? Y lo peor viene cuando nos imaginamos que al tenernos a nosotros ellos también se están conformando: Quizás somos el novio y la novia mediocres, pero seguros. Quizás no se enloquecen tampoco con nuestros empleos, ni nuestro guardarropa, ni nuestro cuerpo, ni nuestra cama, ¡quizás ni siquiera les gusta lo que hacemos en ella! No somos lo mejor, somos lo que hay. Somos parte de su rutina de renuncias en pos de lo que ellos llaman una vida plena y eso sí no lo soportamos. Tal vez por eso terminamos huyendo, odiamos que nos consideren igual de comunes, igual de medianos, igual de capaces de vivir felices.
Parece que el problema somos nosotros, los condenados a nunca conformarse con lo que tienen. Los que no sólo vemos el vaso medio vacío sino que desconfiamos de la pureza del agua y renegamos de su temperatura, sabor y de que no sea baja en sales como Bonafont. Porque no puede ser tan malo conformarse con una plaza en el magisterio que cubra la renta y dé prestaciones decentes; un hombre o una mujer que no te apasionan pero están ahí; un cuerpo que te incomoda pero es el que habitas y una casa en la que no cabían tus sueños y por eso los aventaste por la ventana (uno por uno, que todos juntos no pasaban por el mínimo agujero). Creo que ellos son los que viven del buen lado de la vida.
Y nosotros nos quedamos detrás de la línea (o la brincamos y ya no sabemos dónde quedó): Trapeando a la media noche, tragando libros para experimentar otras vidas, limpiando caca de perros que intentan tapar nuestras necesidades afectivas, deseando el pasado, resintiendo el futuro y burlándonos de a quienes en el fondo envidiamos, de todos aquellos que sí lograron controlar su ego y ser felices en su medianía.
Pero ni la mayor victoria sería suficiente para nosotros, soldaditos mutilados y de plomo que recuerdan batallas perdidas y se atreven a sentir pena por los vencedores. Porque seguro en este momento alguien escucha a Shakira y se burla de nosotros y de lo que nos perdimos. O peor, ya nos olvidaron.
B.
P.D. Deberíamos conseguir ese baño con tina independiente, vestidor adjunto y ventanas con vista panorámica como las del Hudson Studio del hotel The Standard en Nueva York, casarnos y ser completamente infelices juntos. Pero eso sí, con un cuarto de baño irreprochable.
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P.D. (Pa' los lectores) Este día 20 era en realidad el día 21 del reto, pero lo adelanté porque les ando preparando algo bieeeeen sabroso para el tema que me salté. Yaloverán.

2 quieren ser Elvis:
Tirano mío,
No le aseguro felicidad pero si un azulejo brillante, en cuanto me gane la lotería le compro su cuarto de baño, nomás deje que la suerte me sonría y ya verán cómo se parece la felicidad a una tina con patito de hule.
Venía a burlarme de tus canciones anteriores, pero con este texto me callaste por completo.
Qué gran manera la tuya de explicar una canción tan genial. Qué manera la nuestra de ser comunes escribiendo en un blog.
Genial, en serio.
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