Día 14: Una canción que nadie esperaría que te guste
Nadie espera que a mí me gusten los perros. Mejor dicho, espera que me gusten y los acaricie y juegue con ellos cuando son ajenos, pero nadie espera que tenga la voluntad de conseguirme uno al cual limpiarle, educar, pasear, llevar al veterinario y cuidar. Y no culpo a los que no me creen capaz ni deseoso de encargarme de un animal; después de todo soy egoísta, descuidado, desmemoriado, huyo de cualquier compromiso y he declarado ya muchas veces que de tener un niño seguro lo dejaré olvidado en Wal Mart.
(Y antes de que me reclamen porque "los niños no son iguales a los perros" dejaré claro que estoy muy consciente de eso: Los niños hablan, no son peludos y tardan más en morirse. ¡Tres puntos para los perros!)
El asunto es que sí me gusta tener perros y disfruto cuidarlos. Y por eso tuve la brillante idea hace cuatro meses de adoptar uno: Luna, una perra que, por más corriente que parezca, pertenece a una raza finísima de perros cazadores llamada Catahoula Leopard Dog, el can oficial de Louisiana.
Cuando la encontré Luna ya había sido rescatada dos veces; la primera de la calle y la segunda de unos dueños irresponsables que la tenían desnutrida. Como resultado, la perra desarrollo unos problemas de abandono más graves que los de una colegiala sin padre en una película ochentera y sufre de ansiedad de separación cada que no te ve cerca. Y cuando se siente sola a Luna le da por escarbar, destrozar cojines, ladrar, estrellarse contra las puertas, llorar y arrancar manzanos desde la raíz.
Tanto truco encantador me ha costado miles y miles de pesos en reponer ropa y zapatos, mudanzas, jardinería y un entrenamiento bilingüe que sólo sirvió para que la perra me desobedezca en dos idiomas. También me ha costado discusiones con los roomies, estrés, cansancio crónico y uno que otro colapso nervioso semanal. ¿Pero qué le voy a hacer? Me gusta la vida difícil.
La verdad es que la perra esa ha sido una batalla constante y más de una vez he pensado que no estoy capacitado por hacerlo. A veces extraño la vida glamorosa sin pelos de perro en toda la casa, sin preocuparte cada que sales o recibes visitas y sin tener que limpiar desechos animales tres veces al día (porque claro, Luna es también irregular en su sistema digestivo). A veces pienso que la vida sería mucho más sencilla sin una responsabilidad peluda y trastornada de cincuenta centimetros; luego llega la peluda en cuestión, se sienta a mi lado y me da su mirada más conmovedora y recuerdo el lado bueno de las responsabilidades. Y en ese momento le digo la frase más cariñosa que puede salir de mi boca:
- Un día de estos te voy a vender al taquero.
Y bueno, también soy fan de Los Bukis en todas sus formas, tamaños y canciones y un día de estos le cantaré a Luna Cómo fui a enamorarme de ti. Si ya sabía que no era bueno. Es-nif.

2 quieren ser Elvis:
Tiranísimo.
Temo que adopta GDL se convierta en un lavadero de cerebros con facebook, música Gospel, diezmo, testimonios dominicales y lecturas sobre la cartilla de vacunación, que hayamos sido convertidos y este post sea la demostración de una serie de prácticas sediciosas, colectivas, cursis y maniqueras.
Aprovechando el ambiente melancólico y populachero póngase una de José José, ándele, no sea malito.
Los Bukis - MArco Antonio Solis - tiene muy buenas rolas.
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